¿Conoces a estas dos voces?

¿CONOCES A ESTAS DOS VOCES?

1024 576 Gabriel Nuñez

Hola, mi nombre es temor, llego sin invitación. Te hago sentir frustración y así verte caer.  Hola, mi nombre es dolor, ¡me reconoces tan bien!. Cuando intentas olvidar, buscaré como atacar para sacudir tu fe.”– canta Travi Joe, en su canción “Hola mi nombre es”. ¿Conoces a estas dos voces?

Siempre, durante el tiempo en que las cosas no marchan del todo bien y el cansancio parece agudizarse, en ese preciso momento aparecerán las fuertes voces de la derrota llamadas “temor” y “dolor” invitándote a abandonar, a desistir de tus sueños y dejar todo lo que una vez te movilizó.

 

La verdad es que nada de esto es nuevo, y tampoco se encuentra restringido a los más débiles o incautos. Todos, quienes procuramos alcanzar una visión y tenemos un propósito, hemos escuchado estas voces en repetidas ocasiones; voces que a toda costa quieren detener el viaje que hemos iniciado. Antes o después las escucharás, el punto está en cuanta relevancia les asignes.

 

Entiendo que los factores más importantes que pueden dar batalla a estas dos “comesueños” son la necesidad y la urgencia; ambas luchan por concretar la visión y procurar alcanzarla sin importar cuáles sean las sensaciones o sentimientos adversos o cuán dificultosa se presente la batalla.

 

Uno de los mecanismos para alcanzar la victoria es tener presente los motivos que nos llevaron a emprender. Tal vez la pasión o el firme deseo de crecer personalmente; es posible que también haya sido el desencanto reiterado dentro de la dependencia laboral; quizás un fuerte sentido del desafío o la búsqueda ferviente de prosperidad. Cualquiera sea el motivo, todos están íntimamente relacionados con la necesidad de libertad. Este es el denominador común en el universo de casos.

 

Ocurre que nos volvemos esclavos de aquellas voces cuando dejamos que se perpetúen en nuestras mentes, actitudes y luego en nuestros comportamientos. Ahora bien, si la necesidad de libertad ha sido la fuerza poderosa que nos eyectó y ahora nos mantiene emprendiendo en la épica tarea de “conquistar el mundo”, y que a su vez contagia a quienes comparten el mismo ámbito, las preguntas ineludibles que deberíamos responder serían algo similares a estas: ¿acaso no somos nuevamente esclavos al escuchar estas voces y retroceder a causa de ellas?, ¿nos hemos olvidado que la libertad ha sido nuestra bandera desde el comienzo?

 

No es fácil ni cómodo, claro. Pero siempre se puede recurrir a las preguntas como artilugios para evitar la trampa de la posible derrota sabiendo que a esta la anteceden pensamientos que, una vez enraizados, generan un espacio fértil para que el temor y el dolor germinen, para luego dar lugar a la duda y, finalmente, dar como fruto la estocada final del fracaso.

 

Dice el dicho: “tal como piensa el hombre, así es”. Necesitamos, entonces, cuidar lo que pensamos. Necesitamos saber que muchas veces el contexto conspira en contra de nuestra visión, por lo que es propicio generar mecanismos que sirvan de barreras de entrada para que aquellas artimañas de la mente no encuentren albergue.

 

Algunos de los pensamientos pueden sonar como estos: “No sé cómo avanzar”, “Tengo miedo de cometer errores”, “quiero encontrar la manera perfecta antes de empezar”, “los demás son mejores que yo”, “esto es muy difícil”, entre muchos otros pensamientos recurrentes. Puedes profundizar en este tema leyendo el artículo sobre las “8 creencias erróneas acerca del desarrollo personal“.

 

Cualquiera sea nuestro emprendimiento, de productos o servicios, pequeño o grande, nuevo o ya entrado en años, debemos saber que a la vuelta de la equina están aquellas voces gritando con un gran megáfono cual predicadores de la frustración.  Sin embargo, nunca se trató de ellas. Nunca se trató de comenzar para dejarse vencer, o de poner los fundamentos para nunca construir. Por el contrario, la cuestión siempre estuvo vinculada con “quiénes somos” y “para qué” o “para quién” hacemos lo que hacemos.

 

Nos vemos. Nos leemos. Nos escuchamos.

 

Gabriel Nuñez.

 

(Sigamos en contacto, también, a través de https://www.linkedin.com/in/gabrielnunezok/)

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